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Hotel Heartbreak, habitación 777.

Se despertó entre sus almohadones favoritos, totalmente cubierta por sus sábanas de seda rojas. Podía verla a través del dosel de encaje, y supe al momento que no se había levantado de buen humor. Tragué saliva y me dispuse a colocar en mi rostro la mejor de las sonrisas. Odiaba verla fruncir el ceño así. Los otros dos sirvientes tenían una expresión de desconsuelo en sus caras, probablemente igual que la mía. Se estiró y se apoyó en el cabecero de ébano, con su largo cabello recogido en una trenza cayendo por su espalda. Se había despeinado mientras dormía. Probablemente hubiese tenido pesadillas. Apreté el puño derecho hasta que los nudillos se me tornaron blancos. Luego, carraspeó. No hizo falta que malgastara su primera palabra del día en mí, solo me miró y me levanté, apartando con cuidado el dosel. -Buenos días, mi Reina -pronuncié, con voz suave. Sabía que odiaba los sonidos agudos por las mañanas-. ¿Le apetece desayunar? Ella bostezó y sonrió ligeramente. Luego, me observó un...

BREAKING NEWS

Un médico se vuelve loco y mata a todos los pacientes de su planta  El asesino ha sido trasladado esta tarde al manicomio de la comarca, esperando la revisión psiquiátrica que podría actuar como atenuante en su juicio. 11/3. 16.51h. Hoy es un mal día para nuestra ciudad. El conocido doctor Jaden McCormac, sumergido en lo más hondo de la mismísima locura, ha decidido acabar con la vida de todos los pacientes de la planta de neurología que llevaba. Ha realizado inyecciones de una sustancia venenosa en el cuerpo de los ingresados, y los monitores han empezado a sonar automáticamente en cuanto ha acabado su turno.  Por suerte, los guardias de seguridad han actuado con rapidez y le han contenido antes de que pudiera marcharse. La comisaría de policía ha dispuesto un furgón en escasos minutos, llevándolo directamente a la institución psiquiátrica para que fuera evaluado. El doctor McCormac no había presentado ningún tipo de signo previo que pudiera conducir a semejante ca...

Hotel Heartbreak, habitación 164.

-Ya la has vuelto a liar -dijo Lock, agarrándose el puente de la nariz y suspirando-. Anda, vamos, que habrá que deshacerse del cuerpo. Yo me encogí de hombros. Una hora antes... Llevaba menos de 10 minutos en esa casa y ya me quería largar. Cuanto más hablaba, de peor humor me ponía yo. En realidad, no tenía muy claro qué hacía allí, cuando me había parecido una mala idea desde el principio. Encerrarme con pseudodesconocidos en un lugar apartado con una persona a la que si no sabía, me imagina que odiaba. Estaba claro. Pero es que era completamente insoportable. No dejaba de hablar de él, él y él. No tenía más temas de conversación. El resto de las personas de la fiesta se mantenían en silencio, sin parar de beber de sus copas, con la incomodidad reinando en el ambiente pero sin decir nada. Yo, por mi parte, sabía que nada de lo que fuera a decir era ni remotamente bueno ni agradable, así que preferí tratar de ignorar su voz de leñador recién llegado a casa y continuar con mi be...

Hotel Heartbreak, habitación 139.

-Ni lo intentes -dije, observando al chico apoyarse a mi lado-. Estoy ocupada. Él arqueó una ceja y sonrió. Yo tiré el cigarro al suelo y lo aplasté con fuerza, dejando claras mis intenciones. -No te lo has terminado. -Será que la compañía no es grata -respondí, colocándome bien la chaqueta. No hacía demasiado frío, pero tampoco sabía si tenía que hacerlo. Ni siquiera sabía en qué mes estábamos a esas alturas. En mi cabeza, había pasado tanto tiempo en el hotel que ya ni contaba los días. No había calendarios, y mi móvil se había muerto hacía ya tiempo. Era complicado, en realidad. Seguía siendo igual de complicado que al principio. No solo mi corazón, mi alma también se encontraba adolorida a cuenta de ese imbécil. Me preguntaba si, en algún momento, eso cambiaría, a pesar de que me había acostumbrado tanto a la apatía que ya apenas me importase. Caminé al interior y le dediqué una mirada de reojo al camarero. Él hizo un movimiento de cabeza hacia la tarima, indicándome que estab...

Hotel Heartbreak, habitación 713.

Observé el trozo de pergamino que se extendía sobre la mesa, tratando de deducir dónde estaba exactamente. La cruz que me había estado representando los últimos meses se había evaporado sin más, y daba gracias por haber encontrado ese hotel. No me convencía tanto el hecho de que me hubiesen alojado en una entrada del séptimo piso: me lo estaban poniendo difícil para huir. Aún tenía dinero, pero no quería gastarlo en algo tan nimio como alojamiento. No, cuando ni siquiera sabía cuánto iba a durar mi viaje. Cerré la puerta con cerrojo (manías), y dejé que el agua corriera un poco hasta calentarse lo suficiente como para calmar mi piel. El moratón del muslo ya se había vuelto amarillo, y no tenía pinta de mejorar. El corte del brazo, por otra parte, se estaba cerrando. Era un alivio, porque creí que iba a necesitar puntos y no podía acercarme a ningún hospital. En realidad, no podía desviarme de mi camino. al menos, hasta que el mapa optó por no colaborar más conmigo. Entré en la duc...

Hotel Heartbreak, habitación 891.

-Jo, tío -resopló, poniendo las botas encima de la mesa. Al ordenador le faltaba poco para echar humo, y él no podía mirar por las ventanas sin moverse. Cómo había acabado ahí, era un misterio. Que era muy impulsivo, decía. La cuestión es que ese día no le apetecía trabajar más. Ni esa semana. Ni, probablemente, ese mes. Total, estaba todo pagado. Con un bostezo, se estiró y bajó los pies al suelo con un golpe sordo. Observó la cama, haciendo una mueca de disgusto. No era la suya, ni siquiera especialmente cómoda. Y era una movida, porque dormía fatal. Luego, echó un vistazo al reloj: vaya, solo era la 1 de la mañana. Sin pensarlo demasiado, se puso la chaqueta de cuero y se miró al espejo. Los ojos azules le devolvieron la mirada desde el espejo divertidos recordando que había un bar en el hotel. Cerró la puerta tras de sí y bajó por las escaleras, regodeándose en el crepitar de la madera con cada paso. Al llegar al final, estiró el cuello y vio las luces tenues al final. No sabía ...

Bienvenidos al hotel Heartbreak.

En esta noche oscura, una vez más, os esperamos en el hotel Heartbreak, siempre dispuesto, siempre disponible. Todas nuestras habitaciones son suites, y todos nuestros invitados salen encantados. Yo soy la recepcionista, una mera trabajadora que se dedica a entretener mientras os buscamos una habitación. En este hotel, primamos la comodidad y el lujo a la hora de ofrecer nuestros servicios, pero debéis comprender que, una vez entráis, vuestras historias se quedarán aquí, por el resto de la infinidad. Al fin y al cabo, somos una auténtica joya, un lugar al que acudir desde el principio de los tiempos, un secreto que guardamos (y guardáis), sólo para aquellos que lo necesiten tanto como vosotros. Así que, si una noche oscura, en un camino casi abandonado, os encontráis con un edificio negro y un rótulo con un corazón partido, sabréis que habréis llegado. No aparecemos en buscadores ni en guías turísticas, pero seguro que estamos ahí justo cuando más lo necesites. Y si no nos llegas a...